En las Montañas de la Locura

AtTheMountainsOfMadness500La fascinación por lo desconocido siempre ha resultado un importante estímulo para la imaginación del ser humano. En 1931, la mayor parte de la Antártida era todavía territorio inexplorado. Sin los medios tecnológicos con los que contamos en la actualidad, las expediciones antárticas de las primeras décadas del siglo veinte, devenían en arriesgadas aventuras cargadas de épica, cuyos integrantes eran reconocidos por la sociedad prácticamente como héroes.

Inspirado por el ambiente de estas expediciones, y por la fascinación que le despertaba el propio continente antártico, colmado de misterio e incógnita, Howard Phillips Lovecraft escribió en el ya citado año “En las Montañas de la Locura” (At the Mountains of Madness), en formato de novela por entregas. La obra cosechó en primera instancia el rechazo por parte de la revista “Weird Tales”, publicación en la que los relatos de Lovecraft aparecían publicados de forma habitual, por ser considerada demasiado extensa. No sería hasta el año 1936, cuando la novela aparecería serializada en la revista “Astounding Stories”.

“En las Montañas de la Locura”, es uno de los considerados “grandes textos”, en los sistematizados “Mitos de Cthulhu”. Resulta ser una de las obras paradigmáticas de la imaginería de los Mitos; Por su estilo, mezcla de horror y ciencia ficción (lo que se clasificaría posteriormente como “horror cósmico”), y por sus referencias a omnipotentes entidades alienígenas, así como la subsiguiente implicación de estas en el desarrollo de antiguas culturas y civilizaciones en el planeta tierra, millones de años antes de la aparición de la humanidad. En esta obra en concreto, Lovecraft nos introduce a la civilización de “Los Antiguos”, y nos presenta a los “Shoggoths”, criaturas a las que se hace referencia en múltiples relatos de la cosmogonía Cthulhiana.

El argumento se mueve dentro del patrón tradicional de tantos relatos de Lovecraft: Un narrador en primera persona nos advierte en tono admonitorio acerca de un terrible peligro, para acto seguido relatarnos una hórrida experiencia vivida en sus carnes varios años atrás, con la esperanza de que su testimonio resulte lo suficientemente disuasorio para que nadie vuelva a atreverse a despertar a los terribles horrores encarnados, que acechan donde uno menos lo espera.

En el caso que nos ocupa, el protagonista de la historia es William Dyer, un profesor de geología de la ficticia universidad de Miskatonic, y a su vez, miembro de la expedición antártica “Pabodie”. La citada expedición, que corre a cargo del profesor e ingeniero Frank H Pabodie, tiene como objetivo la investigación científica del territorio antártico, a partir de la extracción de estratos geológicos. Los expedicionarios cuentan en su empresa con aeroplanos, con los que sobrevuelan y reconocen el terreno. Será en uno de los vuelos donde se realiza un sobrecogedor descubrimiento: Una inmensa cordillera de montañas, con picos de excepcional altitud que superan a las más altas cumbres del Himalaya. Maravillados por el hallazgo, una parte del grupo de exploradores decide volar hasta los pies de la cordillera y establecer allí una base. Mientras realizan excavaciones en esa zona, se encuentran con algo todavía más perturbador que las inmensas montañas: En una caverna, se hallan los cuerpos de unas criaturas fascinantes; Estas son de composición entre animal y vegetal, de aproximadamente metro y medio de estatura. Su morfología presenta una forma similar a un barril, con una estructura parecida a una estrella de mar en la base, siendo presumiblemente este su medio locomotor, y otra estructura de idénticas características en el extremo superior, dotada esta de órganos sensitivos, con lo que se concluye que podría ejercer como cabeza del extraño ente. Los seres  están dotados asimismo con unas alas membranosas retráctiles, y una serie de finos tentáculos prensiles con los que se podrían manipular objetos y herramientas. Los científicos, encuentran a estas criaturas sorprendentemente parecidas a los “Antiguos”, citados en el infame (y recurrente en la obra de H.P Lovecraft) Necronomicón.

Los expedicionarios se dedican al estudio de los extraños especímenes, mientras mantienen el contacto por radio con sus compañeros del campamento base. En cierto punto de la historia, una terrible tormenta interrumpe las comunicaciones. La tempestad no cesa hasta al cabo de dos días, tras los cuales resulta imposible restablecer el contacto con los acampados al pie de las ominosas montañas. Temiendo por la suerte de sus compañeros, el profesor Dyer, junto con el estudiante Danforth, se hacen con un aeroplano y parten en una misión de rescate. El panorama con el que se encuentran en el campamento al pie de las montañas, es desolador; Todo ha sido arrasado por la virulenta tormenta de nieve, sus compañeros están muertos, salvo uno de ellos, el cual ha desaparecido sin dejar rastro. En cuanto a los extraños especímenes hallados, algunos de ellos también han desaparecido, mientras que otros, sorprendentemente, han recibido sepultura. La única explicación posible, según Dyer, para la muerte de sus compañeros, y el extraño ritual funerario al que han sido sometidos los extraños seres, podría atribuirse a un rapto de locura por parte del expedicionario ausente. Así pues, con el fin de rescatarle y de intentar conseguir respuestas a lo sucedido, Dyer y Danforth, embarcan de nuevo en el aeroplano y se dedican a peinar la zona, en busca de su compañero perdido.

La travesía les llevará al otro lado de las montañas, donde harán un descubrimiento que trastocará su visión del mundo: Una vasta y ruinosa ciudad, formada por edificios de piedra de dimensiones ciclópeas. Será allí donde descubrirán más acerca de los “Antiguos”, hollarán en los registros de una civilización avanzada que ya existía millones de años antes que los primeros humanos, y a medida que la historia se acerque a su conclusión (la cual no se revelará aquí, a fin de mantener el interés en la lectura del relato), se enfrentarán al horror protoplásmico del “Shoggoth”.

Cabe decir que Lovecraft realizó un notable trabajo descriptivo en esta obra. Las partes en las que se narra la exploración de la perturbadora ciudad de los “Antiguos”, están cargadas de detalles y son realmente absorbentes. En estas, además, se narran hechos, o se hace mención a determinados entes, que ayudan en gran medida a cohesionar la mayor parte de los relatos de Lovecraft referentes a los mitos, y a agruparlos bajo un mismo denominador común. Por ello, “En las Montañas de la Locura”, es posiblemente el único relato escrito por el propio Lovecraft, en el que los Mitos de Cthulhu, adquieren por primera vez ciertos tintes de cosmogonía sistematizada.

Definitivamente, nos hallamos ante uno de los mejores relatos del excéntrico escritor de Providence. Escrito en los últimos años de su vida, los cuales fueron probablemente, el momento de mayor refinamiento de su prosa, y de apogeo creativo en lo concerniente a las historias que más tarde serían catalogadas y sistematizadas bajo la denominación de “Mitos de Cthulhu”.

Nos hallamos ante un trabajo de obligada lectura para todo aquel que quiera considerarse un iniciado en la obra de H.P Lovecraft.

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