Advenimiento

aa harlot2Se alza un Sol hinchado y deforme,

Presagio de un alba cargada de malos augurios,

Trazas de rojo en un cielo emponzoñado,

Espuma de mar teñida de escarlata.

 

Nubes de tormenta cargadas de veneno,

Plomo y azufre suspendidos en la altura,

Pulsión eléctrica, aire enrarecido,

Brama el cielo, sobre la tierra llueve ajenjo. Sigue leyendo

La Puerta

descargaAyer estuve hablando con una amiga. Me llamó por teléfono, como hace de vez en cuando, para contarme una trivialidad referente a su trabajo. Más allá de su tema de conversación, me percaté enseguida de que su voz sonaba particularmente alegre y desenfadada. Le hice un comentario al respecto, y sin pararse a pensar (cosa infrecuente en ella, pues es una persona de carácter reflexivo, y un tanto retraída) me respondió:

– “¿Recuerdas que una vez te hablé de un primo mío, que está enfermo y que llevaba ingresado desde hace años? Pues me han dicho que está mucho mejor, y es posible que dentro de poco tiempo le den el alta.”

No es que ella y yo seamos amigos íntimos. Es la típica persona a la que conoces por haber coincidido en una misma empresa durante un tiempo, con la cual sales a veces a tomar un café junto con otros compañeros, y con la que acabas manteniendo un contacto esporádico, propiciado en gran parte por el uso extensivo que hacemos hoy en día de las redes sociales. Sigue leyendo

Muerte

40660_416229263778_629808778_4880545_6142422_nSiempre sola, caminando deprisa. Su paso grácil y elástico, la pose altiva, y la mirada henchida de fría superioridad.

Hierática, Inmutable. Más vieja que las mismas estrellas, contempla con altanería y desdén a la humanidad evanescente.

Humanos. Tan frágiles, efímeros, y sin embargo tan ridículamente orgullosos de su condición y de sus logros.

Desdeñosa, riese ella para sus adentros, mientras pasea por, supuestamente, grandes y poderosas ciudades de amplias avenidas y tentaculares redes de carreteras .Cuan poco significan para ella, pues ha visto alzarse y caer poderosos imperios en la juventud del mundo, incontables eones antes del periodo que la humanidad se ha empeñado en bautizar como “prehistoria”.

Alza la vista al cielo, y contempla las estelas de esos pobres artefactos voladores: Ingenios torpes, sucios, rugientes, y arcaicos; Inexplicable orgullo del ser humano, que proclama de modo exultante que son una prueba más de su dominio sobre los elementos y las leyes naturales.

La plaga humana, ignora, aferrándose a su profunda estulticia, y a causa de su reducido lapso vital, los orgullosos tiempos en que sus ancestros viajaban surcando el universo, hasta remotos confines, allende los velos del instante primigenio, que su conocimiento actual es incapaz de hollar o tan siquiera discernir.

Así les contempla ella, cual especímenes bajo la lente del microscopio. Ora con cínico humor, ora con franco desprecio. Siempre con el vago fantasma de la tristeza del que se siente solo, transcurre su vida entre esta masa ignorante, que resulta tan ingente en número como ínfima en sabiduría.

Les ha visto nacer, y les verá morir, pues está dictado que no conocerá la paz y el reposo eterno, hasta que no se haya extinguido la postrera luz de la última de las estrellas.

Seguirá aquí, vagando entre extraños mientras aguarda su hora. La pretenderán, será causa o consecuencia de envidias y codicia, la amaran ciegamente o la odiaran con desesperación. Le darán mil apelativos, y jamás ninguno será el correcto…

Pues ella sabe, que ni siquiera ya el viento recuerda su nombre.